Con el nombre de rabel, bandurria o arrabel se designa un instrumento musical de cuerda frotada, de uso popular en la Península Ibérica desde la Edad Media al menos, y emparentado con instrumentos similares de origen árabe y europeo.

En algunos territorios de la Península Ibérica se le conoce así mismo como arrabel, aunque este nombre designa también a un instrumento totalmente diferente, de los clasificados como idiófonos. Es el caso de la carrañaca, ginebra o huesera, en Castilla, o la bandurria d’ossos, en Catalunya. En estos casos, su denominación afirma la raíz etimológica grecolatina de rabel, ya que, arrabilar, es mover algo, como las manos, simulando el movimiento de un rabo. En lengua asturiana, rabil, se aplica a aquellos objetos que, como las manivelas, accionan algún movimiento mecánico.

La colocación precedente de la vocal /a/ es un recurso gramatical muy utilizado en varios puntos de la geografía peninsular, sin conexión alguna con la fórmula de articulación arabe.

El parecido con el vocablo persa rbb, (rebeb, rabab, rubeba, rabe, etc) con el que se denomina a otra tipología de instrumentos cordófonos diferentes y usados en varios países de cultura islámica, ha generado confusión para su estudio.

Instrumentos similares utilizados en otras partes del mundo y épocas, tanto en cuanto que se parecen por que se usa el sistema de frotación de las cuerdas para sacar su sonido, llevan denominaciones como: rebec, rabab, rebeb, fidle, fidula, vielle, rabe, rebeca, rabeba, giga, lira, violín, etc.

En Cantabria, Asturias, y ciertas comarcas de La Montaña de Riaño, existe un instrumento con el que se ha creado confusión debido a su uso popular y que se denomina bandurria, y al que modernamente se le ha aplicado el genérico de rabel, cuando existe una gran diferencia, entre estos instrumentos, por lo que no deben confundirse, aunque las similitudes que ambos comparten puedan llevar a equívocos. De la misma manera que con los rabab.

En la tradición se usa un trozo de madera ahuecado que puede tomar distintas formas, aunque existe un uso de patrones localizados por territorios. También existen en la tradición instrumentos hechos con más de una pieza. Actualmente, sobre todo en Cantabria, su tipología se ha multiplicado y en ocasiones nada tienen ya que ver con los modelos tradicionales. Modernamente, aproximadamente en los últimos 30 años, se han producido cambios en los instrumentos buscando sonoridades distintas a las conocidas.

En algunos casos, se trata de un instrumento similar a un violín, aunque los modelos más arcaizantes conservan elementos anteriores a la aparición del violín con el formato que conocemos hoy día, y que surge a mediados del siglo XVI.

El uso popular y la tradición han conservado instrumentos de variadas tipologías, que suelen reflejar, solamente, el uso musical de una o dos cuerdas, a pesar de poseer, a veces, un número mayor.

El número de cuerdas abarca, según tipologías y zonas, desde 3 cuerdas, a 2 cuerdas y 1 cuerda.

En el uso de instrumentos cordófonos tradicionales ha primado el uso de afinaciones por cuartas y quintas, utilizando una de las cuerdas como acompañamiento bien rítmico para remarcar en el baile, bien de sonido de bordón. El instrumentista podía, y puede, afinar la nota tónica a la altura de su voz para cantar más a gusto.

El rabel sanabrés de Porto de Sanabria (Zamora) de 3 cuerdas, la forma tradicional de afinarlo era poner al unísono las dos cuerdas graves y tensar ‘a ojo’ la cantante, a continuación deslizar el dedo índice por ella hasta conseguir un sonido acorde de las tres, fijado ahí éste dedo a modo de cejilla se interpreta la melodía con los otros tres dedos, empleando solamente el tramo que la mano alcance.

La bandurria asturiana, de 3 cuerdas, se afina por cuartas. Siendo la 3 y la 1ª cuerda afinadas al unisono una octava más alta la última, y siendo la 2ª afinada a la 4ª de esa nota. La tercera cuerda sólo tiene función de bordón. Esta afinación es aplicable al resto de bandurrias o rabeles limítrofes a asturias y de 3 cuerdas(Riaño, Fuentes Carrionas, La Liébana, Polaciones...)

Los rabeles de 2 cuerdas se afinan en cuartas también, siendo la 2ª cuerda bordón de la primera en la mayoría de los casos, aunque, como en La Montaña de Palencia y Riaño(León) como en algún ejemplar de Campóo (Cantabria) también se suele utilizar como cantante.

Los rabeles ya de una cuerda se afinan evidentemente adaptandolo a la voz del tañedor, ya que no tiene bordón alguno.

Es necesario aclarar que, en las actuales circunstancias, sobre todo en Cantabria, se está denominando de forma genérica como rabelistas a aquellas personas que no tocan este instrumento, sino que interpretan la música y acompañan las melodías de las canciones con variadas tipologías de bandurrias frotadas, lo que sigue generando confusión, por lo que aquí se intenta exponer este hecho, tanto para cumplir con la realidad que nos han legado nuestros antepasados, a los que debemos el debido respeto histórico, como para facilitar para todo el mundo el conocimiento de esta tradición musical.

Un rabel, tradicionalmente en aquellas zonas donde se conoce su uso, se toca apoyado en el hombro-pecho, o sobre las costillas, y generalmente de pie.

Una bandurria frotada se toca entre las piernas, y por ello los músicos deben sentarse.

Las jotas cantando coplillas con un tono subido son lo más típico en este instrumento, y por denominación moderna se las conoce popularmente como "rabeladas".

Con este instrumento se tocan jotas en todas sus variantes(a lo pesao, etc), asi como bailes binarios como por ejemplo los "bailes a lo ligero" o "titos"(por la zona de Riaño y Oeste de la Montaña Palentina), y cómo no, lo más representativo de su repertorio: Los romances. Romances que si bien muchas veces son localistas, por lo general (y con sus lógicas variedades comarcales o personales) suelen ser los mismos temas, sirviendo de ejemplo universal el conocido como La Loba Parda, donde se narran los hechos acontecidos a una loba vieja que es sorprendida por los perros pastores robando una oveja del rebaño, y que es cantado por todas las rutas de la Trashumancia al son del rabel, desde Extremadura a Los Picos de Europa, y desde Madrid hasta La Rioja.

Son siempre melodias sencillas, que se adornan según el gusto del rabelero, y que suelen abarcar por lo común una extensión de 5 notas a lo sumo(experimentados instrumentistas tradicionales llegan a tocar 6, aunque hoy en día muchos son los que sabiendo tocar otro instrumento de cuerda se pasan a éste y logran sacar de el auténticas escalas)y en determinadas ocasiones, en los instrumentos donde esta aparece, al usar la segunda cuerda como cantante, se pueden llegar a extraer otras 3 o 4 notas más aparte.