Teniendo en cuenta el grandísimo respeto que tengo a los creadores de relatos cortos, de los cuales tengo el placer de contar con la amistad de varios de ellos en esta comunidad bloguera, me he atrevido a reflejar aquí un pequeño cuento, muy en el ámbito de la temática de mi blog. Confío en que este soliloquio sea de vuestro agrado.

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Ahora soy un hombre viejo, pero era joven como un avellano nuevo cuando el niño robado partió hacia las islas, y los años a partir de entonces me parecen más borrosos y sombríos, como si mi vida fuera en realidad un árbol lleno de hojas y flores, y las hojas, ahora, tan solo amarillean el suelo de mi bosque en otoño; y mientras el niño robado partió hacia las islas, me ocurrió lo que nos ocurre a los hombres viejos: que el pasado más lejano, el de las vivencias casi olvidadas hasta ahora vuelven a tener vida y color.

Y soñando con las tres islas y con el niño que allí llevaron, ocurrió que mis ojos se volvieron jóvenes y volví a estar vivo, tan libre como el viento del nordeste; como un cuervo vigía, soy espíritu que otea desde lo más alto del bosque de los vivos, el horizonte, y veo las islas y al niño robado, escuchando las canciones que surgen de su boquita de pequeña promesa.

Ahora soy un hombre viejo, fui joven una vez y seré sueño...